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Práctica deliberada: el hechizo que te convertirá en un mejor comunicador

Sentir que no avanzas, que te has estancado, que sensación más desagradable, ¿verdad?

Y es que se puede repetir en cualquier actividad que hagas.

Resulta que te da por empezar a correr, y sin darte cuenta te adentras en el profundo e inacabable mundo de los videos que hablan de la técnica en el running.

Postura del cuerpo, pisada, taloneo, tratas de aplicar 200.000 consejos que has escuchado, pero amigo, llega el día…ese en el que echas la vista atrás y te ves estancado como un elefante en el fango.

Tú técnica ya no mejora, tus tiempos tampoco y lo que es peor, no tienes ni idea de cómo romper con esa dinámica y seguir evolucionando.

Aprender a comunicar no es muy diferente de aprender a correr. Ambas son habilidades, requieren una técnica y en ambas se aprende y mejora practicando.

Pero qué práctica, ¿cualquier tipo de práctica?

Como nuestro metafórico runner, quizás tú tienes el hábito de hablar en público, pero algo en tu interior te dice que hay margen de mejora.

O estás empezando a hacer presentaciones y delante tuyo se abren 247 caminos y te ahoga la sensación de no saber por cual tirar.

En todo caso, seguro que cuando ves una charla TED o un discurso que te inspira piensas:

Cómo molaría hablar así.

Si el elefante en el fango te recuerda a ti las últimas veces que has hablado en público y quieres salir del lodazal de las ponencias mediocres, agita la varita mágica y repite conmigo… ¡práctica deliberada!

¿Qué es la práctica deliberada?

Si hubo un padre del conjuro, ese fue el Dr. K. Anders Ericsson.

Este psicólogo sueco se empeñó durante años en analizar por qué algunas personas conseguían resultados extraordinarios de desempeño en campos como el deporte, ajedrez o la música, con la intención de averiguar la forma de practicar que tenían.

Lograra sus conocimientos después de torturar durante horas a Harry Potter, o a través de multitud de estudios sociológicos (spoiler = fue lo segundo), es quién acuñó por primera vez el término práctica deliberada, y lo hizo para referirse a:

Un tipo de entrenamiento concentrado, consistente y orientado a objetivos, que desarrollan las personas excepcionalmente talentosas en diferentes campos y que utilizan para mejorar sus habilidades.

Recuperaba el manido debate de talento vs habilidad, para decantarse por lo segundo, lanzando un mensaje esperanzador para los que no estamos tocados de nacimiento por varita mágica alguna, y tenemos que currarnoslo para aprender y evolucionar en una área, y conseguir destacar en ella.

Larry Bird resumía esta visión en una irónica frase:

Es curioso, cuanto más entreno, más suerte tengo.

Como consecuencia de este tipo de práctica efectiva, siempre que se añada horas de trabajo al desarrollo de una habilidad, se mejora en la misma, evitando el estancamiento que suele ocurrir cuando estamos practicando sin un método u objetivo definido.

Un ejemplo es cuando llevamos años conduciendo y nuestra técnica de conducción deja de evolucionar, de forma que con 50 años conducimos igual que lo hacíamos con 30.

El hecho de aplicar práctica deliberada, y entrar en un proceso de mejora y avance continuado, hace que la curva de aprendizaje de una habilidad se transforme:Pactica deliberada gráficosEste tipo de entrenamiento hace que en el mismo tiempo dedicado al desarrollo de una competencia, la curva no se aplane y vaya creciendo porque tus conocimientos siguen aumentando.

Cómo aplicar la práctica deliberada para hablar mejor en público

El propio Ericsson reconoce que se trata de un tipo de entrenamiento constante que requiere mucha disciplina y sacrificio, por lo que el acceso al olimpo en cualquier habilidad está reservado a aquellos que están dispuestos a pagar el precio del esfuerzo.

Asumamos que tu meta no es dar una charla en el próximo TED de Vancouver, pero quieres tomártelo más en serio y mejorar de una vez tus habilidades para hablar en público y suprimir de la ecuación el temido estancamiento.

En tal caso, podemos condensar en tres puntos la propuesta de la práctica deliberada, para que a partir de ahora planifiques de forma más efectiva tu proceso de aprendizaje en esta habilidad:

1- Define objetivos

Lo primero es saber hacia dónde vas, y “mejorar como ponente” es un objetivo algo etéreo que se puede afinar bastante.

Seguro que conoces aquello de definir un objetivo SMART; específico, medible, alcanzable, relevante y definido en el tiempo.

Por ejemplo:

Dar 12 charlas delante de una audiencia entre el 01/01 y el 31/12.

Coge papel y boli y escribe tu objetivo específico personal. Quizás es una cantidad de discursos durante un tiempo, quizás apuntarte a un club de Toastmasters o diseñar un plan de formación en comunicación.

Sea cual sea, piensa que el primer paso para comenzar a andar el camino, es que exista camino.

2- Busca un mentor que te ayude

Estés en el punto que estés en tu viaje hacia convertirte en un mejor comunicador, seguro que existe alguna persona que ya ha hecho ese viaje antes, o parte de él.

La idea detrás de conseguir un mentor que te guíe, es la de tener acceso a su conocimiento y ponerlo a tu servicio.

Será la persona que te ayude en la preparación de tus presentaciones y te de consejo y apoyo en los momentos de dudas y desánimo.

El formato lo definirás con esa persona en concreto, por ejemplo, podrías enviarle el borrador de una presentación para que te la revise, y mandarle después videos con partes de tus ponencias para que los valore y hagas las modificaciones correspondientes sobre esa información.

Honestamente, conseguir un mentor no es tarea fácil, todo el mundo quiere tener acceso a los mejores y estos tienen poco tiempo o cobran por ello, con lo que tendrás que tirar de creatividad (y quizás reducir tus aspiraciones) para encontrar el tuyo.

Puedes pensar en alguien cercano que tenga más experiencia que tú haciendo presentaciones, y cuya habilidad para hacerlo valores, incluso ofreciendo algún tipo de colaboración a esa persona, para que ambas partes percibáis que existe un retorno de la experiencia.

Recupera el papel y el boli y escribe 3 personas que te encantaría que fueran tus mentores, y al terminar de leer este artículo anímate a contactar con la primera, ¿qué puedes perder?

3- Pide feedback

Lo anterior puede tener sentido, pero el factor de la ecuación que inclina la balanza definitivamente es el feedack (o retroalimentación).

De la práctica se aprende, pero de la información que recibimos de otras personas sobre esa práctica, se aprende el doble, así de simple.

Si alguna vez has visto el video de una de tus charlas, te habrás dado cuenta de que existen diferencias entre tu percepción de lo que ha sucedido en el escenario y la versión real de los hechos.

La visión de otra persona aporta un punto de vista totalmente diferente al tuyo, respecto a elementos de vital importancia en tu ponencia, como son el mensaje, la estructura o las sensaciones que has transmitido.

El éxito de los clubes Toastmasters radica en varios factores que hacen que cualquier persona al practicar en uno de ellos mejore sus habilidades para hablar en público, es así de efectivo como suena. Esa tasa de éxito, en mi opinión, se fundamenta en que su sistema propone dar y recibir feedback constantemente, de todas las actividades e intervenciones que se hacen.

Aprender a dar feedback (y recibirlo) es a su vez un proceso, que daría para varios artículos, pero la idea de momento es que lo integres en tu proceso de mejora como ponente.

Si tienes un mentor tendrás una fuente priviliegiada de feedback, pero no debes quedarte en ese nivel.

Se implacable con el feedback, pídelo siempre, después de cada charla que hagas y a cuantas más personas mejor, ya decidirás luego con qué te quedas de la información que recibes, pero te aseguro que abrirá la puerta a una cantidad de información útil que ahora mismo no puedes ni imaginar.

Por ejemplo, interioriza dos simples preguntas y házselas al menos a una persona después de todas tus ponencias:

1- ¿Qué te ha gustado?

2- ¿Qué hubieras hecho diferente?

No es fácil conseguir alguien dispuesto a decirnos sinceramente aquello que cree que no ha funcionado de nuestra intervención, de ahí que la segunda pregunta sea una versión aligerada de:

¿Que crees que he hecho mal?

Parafrasearla de esa forma puede animar a la otra persona a darte una crítica de mayor calidad.

Ese es el ABC de la práctica deliberada, aplicado al desarrollo de tus habilidades como comunicador.

¿Se te ocurre algún otro consejo para afinar ese proceso?

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