Seleccionar página

Nota para tu ego: el público es el protagonista

¿Has visto la película Matrix?

Espero que no vivas con la pena y el pesar de no haber visto la que es de largo mi película preferida, y que posiblemente habré visto más de 20 veces.

Entre las muchas maravillas que esconde el filme, una es la de crear un historia basada en un viaje del héroe de manual.

A modo telegráfico, Neo es el protagonista que vive en el mundo ordinario, aparece Morfeo que como mentor le invita a cruzar el umbral para mostrarle el mundo real, y que comience un viaje, del que volverá siendo alguien transformado; un héroe.

Una presentación también puede plantearse como un viaje del héroe, en el que debería existir una propuesta de cambio, una transformación, que sugiera pasar de una situación A (la actual) a una B (la deseada).

Por ejemplo, en una presentación de ventas en la que muestras un producto o servicio, tu propuesta debería ser el elemento catalizador de ese cambio, y deberías plantearla teniendo en cuenta los papeles que le corresponden a cada cual en esa ponencia.

Hablando de papeles, la pregunta florece sola…¿quién es entonces el héroe?

Nancy Duarte lo resume de la siguiente forma en su libro Resonate:

Tú no eres el héroe que salvará a la audiencia; tu audiencia es el héroe

En realidad tiene todo el sentido del mundo, el héroe, el protagonista, es aquel que verá la luz y se transformará y ese es aquél que está escuchando lo que dices.

Entender esa premisa debería cambiar las reglas del juego completamente para tí, finiquitar con cualquier voluntad egoica de protagonismo que albergues al hablar en público y comenzar a pensar en cómo puedes ayudar al público cada vez que le hables.

Y si tú no eres Neo, ¿quién demonios eres?

El Mentor

En efecto, a ti te corresponde ser Morfeo.

El mentor es aquél que ha pasado por una situación similar en el pasado, y ahora conoce las herramientas para que el héroe haga lo mismo y cierre el círculo de su propio viaje.

Por eso, en esa hipotética presentación de ventas, tu papel es el de lograr que la audiencia disponga de toda la información necesaria para dar el paso y comenzar su transformación, o lo que es lo mismo, adquirir tu producto y que se se solucione su problema.

Poner el foco en tu audiencia es invertir por completo el proceso, no solo de presentar, sino de idear y crear tus presentaciones, ya que ahora tendrás que asegurarte de que toda información que añadas debe ser relevante para tu audiencia.

Teniendo lo anterior en cuenta, uno de tus mayores retos es el de destilar la información que incluyas para que se mueva en ese complejo limbo existente entre no aburrir al público, pero no abrumarlo con demasiada información.

Y en ese escenario, un concepto puede echarte un cable…

La maldición del conocimiento

Los libros Ideas que Pegan y El Arte de Explicar desarrollan respecto a cómo presentar ideas a un público este concepto, que la Wikipedia atribuye a los economistas Colin Camerer, George Loewenstein y Martin Weber.

Se trata de un sesgo cognitivo que se produce cuando un individuo, en comunicación con otras personas, sin saberlo, supone que los otros tienen los antecedentes necesarios para entender lo que dice.

A la hora de hablar en público, viene a ser el proceso por el que asumes algunos conceptos “por defecto”, pensando que tu audiencia también los conoce.

El riesgo más obvio es el de que el público no conozca aquello que tú asumes, y desconecte porque se pierde.

Esto puede resultar más habitual en personas con perfiles técnicos que tienen que hablar para audiencias que requieren un lenguaje más divulgativo, pero lejos de afectarles solo a ellos, en realidad la maldición sobrevuela por encima de cualquier ponente.

Yo soy de letras, y el mecanismo más complejo que conozco técnicamente es una lija del 4, con lo que es difícil que hable de aspectos tecnológicos de forma demasiado compleja.

Sin embargo, he sido presa de la maldición del conocimiento en ocasiones en las que he querido que se mostrará claramente que sabía de lo que hablaba.

Son discurso que he construido utilizando un lenguaje demasiado florido, que lejos de simplificar mi mensaje, ha hecho que fuera difícil de seguir, ya que requería a mi audiencia estar constantemente reflexionando sobre mis palabras.

Esto me ha ocurrido por 2 razones:

1- Centrarme en mi y no en mi audiencia

2- Asumir que mi audiencia tiene demasiada capacidad para asimilar información

Del primer punto hemos hablado, y el segundo es perfectamente comprensible si tienes en cuenta una máxima:

Es la primera vez que tu audiencia escucha aquello de lo que le estás hablando

Yo mismo, cuando soy parte de la audiencia y escucho un discurso por primera vez, me doy cuenta de la limitación cognitiva que tengo, y si la información no se me presenta de una forma estructurada y secuencial, me pierdo.

Por lo que no hagas como yo he hecho en ocasiones:

No exijas a tu audiencia asimilar más información de la que serías capaz de asimilar tú como público.

Para no olvidar ese mantra y que lo tengas presente al crear tu próxima presentación , puedes imprimirte un documento con las siguientes 3 premisas:

1- Si dudas explica

No asumas que un concepto se conoce por defecto.
 

2- Menos es más

Favorece el lenguaje sencillo y comprensible antes que el florido y complicado.
 

3- Una idea, una diapositiva

Si proyectas, no abrumes con diapositivas que contengan información sobre más de un concepto.

Bueno, ¿qué tal te sientes en tu nuevo papel como mentor?

Tranquilo, sé que la responsabilidad puede intimidarte al principio, pero quizás te tranquilice saber que en realidad tú también eres un héroe.

Igual que tu audiencia hará su viaje, tú también tendrás que transitar un camino que realmente no tiene final, donde lo importante es recorrerlo y valorar el conocimiento que adquieres al hacerlo.

¿Sabes a qué camino me refiero, verdad?

¡Correcto! el que te lleva hasta convertirte en El Elegido, que libere a las audiencias de la tiranía de las presentaciones mediocres, y les muestre que otro mundo existe.

Un mundo de presentaciones sin fronteras o limitaciones, de creatividad y mensajes entretenidos, inspiradores y efectivos, un mundo, en definitiva en el que todo es posible.

Lo que hagas después de llegar a ser ese ponente, lo dejo en tus manos.

Artículos, gratis y directos en tu bandeja de entrada, los lees y aprendes a comunicar mejor ¿te animas?