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Comunícate con tu niño interior para mejorar tu autoestima

Te rebanas el cerebro para aprender a comunicar con los demás.

Ansías aprender a hablar en público, relacionarte en situaciones sociales, a comunicarte con tu pareja, expresar tu opinión de forma asertiva, y otras tantas interacciones que involucran a varias personas.

¿Adivinas lo que voy a decir verdad?

En efecto, muchas veces descuidas el proceso de comunicación más importante de todos; hablar contigo mismo.

¿Cómo te hablas a ti mismo?, ¿qué palabras utilizas cuando no has hecho algo según lo que esperas? y lo que es más importante, ¿hablarías de esa forma a una persona que quieres?

La comunicación interpesonal está muy condicionada por el nivel de confianza que tenemos con la persona con la que hablamos. Seguro que no le hablas de la misma forma a tu jefe que a tu pareja o tu madre, y a veces nos permitimos excesivas licencias con aquellos con los que tenemos un mayor vínculo emocional.

Que voy a decir yo que no sepa ya el refranero…

La confianza da asco.

Y si hay alguien con quién tienes confianza, es contigo mismo. ¿Te habías parado a pensar que eres la única persona en el mundo con la que pasarás todos y cada uno de los minutos de tu vida?

No sé si serás como yo, pero si es así, te tiras todo el día riki-riki hablando contigo mismo, analizando conversaciones, reflexionando sobre el pasado, visualizando el futuro. Esto supone que hablarás contigo mismo centenares de miles de horas a lo largo de toda tu vida.

¿Y qué? te estarás preguntando.

Pues que tu autoestima se construye en gran medida en base a cómo te hablas a ti mismo, y amigo, lo de la autoestima son palabras mayores.

¿Quién no quiere más o mejor autoestima?

Autoestima automática

El libro Autoestima Automática, de la psicóloga Silvia Congost es un ameno y ligero paseo por la construcción de la autoestima, partiendo de una idea que siempre me ha parecido inquietante y con la que me siento muy identificado:

La niñez y la adolescencia tienen una importancia vital en la construcción de tu autoestima.

Teniendo en cuenta lo emocionalmente convulsa que es esa época de la vida, el cerebro y la naturaleza podrían replantearse ese enfoque, ya que siempre he tenido la sensación de que es como poner a un ciego a pilotar un avión.

La autora habla de su propia adolescencia como una época algo oscura, y me siento muy identificado con ella, en general diría que la confusión y la ausencia de rumbo fueron mis compañeros de viaje durante una buena pila de años.

Y así llegas a la adultez, con la autoestima haciendo aguas por varias fugas, y pagando las consecuencias de ello.

Esas consecuencias serán más o menos relevantes en cada caso, pero irán desde los celos a la dependencia emocional, pasando por la dificultad para relacionarse con los demás o el aislamiento.

Si tu autoestima necesita una puesta a punto, y sumas el hecho de que pasas contigo mismo las 24 horas del día, existe un factor que aparece en esta ecuación muy probablemete: la comunicación negativa.

Llevo años prestando atención a mi diálogo interno, y me costó reconocer lo que me estaba diciendo en realidad, porque muchas veces no son frases que te repites de forma literal, sino actos que reflejan que ya te has comunicado contigo de alguna forma negativa.

Sea usando ese canal más sutil, o pensándolo de forma explicita, he reconocido en mi mismo frases/pensamientos como los siguientes:

Tienes que demostrar que eres bueno o suficiente.
No parezcas débil.
No te muestres vulnerable.
Tienes que gustar a los demás para no quedarte solo.

Ponerlas negro sobre blanco impresiona aún más, pero también resulta terapéutico y te hace comenzar a reflexionar inmediatamente.

Sobre todo si hablamos de frases como las que reconozco yo, con las que quizás te sientas identificado.

Lo primero que me viene a la mente es como mi autoestima está construida en base a los demás, ya que constantemente me hablo poniendo el foco en otros, en cómo me verán y en cómo agradarles.

Podría gritar a los cuatro vientos que la opinión de los demás no me importa un carajo, pero paradójicamente esos gritos se evaporan ante otras palabras que en realidad son mudas; las que me digo a mi mismo.

He afinado mucho mis poderes para escuchar diálogos internos, con lo que percibo tus palabras pensando…

Te lo compro, pero entonces ¿cuál es la solución?

Ejercicio: Hablar con tu niño interior

El libro Autoestima Automática habla de un ejercicio sencillo, que me he permitido hackear, y personalmente me ha resultado útil.

Se trata de cerrar los ojos y recordar a ese niño o adolescente cuya autoestima se estaba construyendo, teniendo en cuenta el huracán de emociones y vivencias que está soportando.

En esa misma escena, piensa que entra el adulto que ahora eres y se acerca al niño para hablar (o no) con él.

No valores lo que el niño dice, piensa o hace, simplemente se compasivo y empático, entiende por lo que está pasando y ofrécele tu ayuda, como lo que ahora eres, un adulto con más conocimiento y sabiduría.

Teniendo en cuenta lo que crees que ese niño necesita, deja que en la escena ocurra lo que tenga que ocurrir.

Quizás quieras preguntarle algo, pedirle disculpas, decirle que le comprendes o como en mi caso, acercarte él mirarle con ojos de comprensión y darle un largo y reparador abrazo.

Espera, déjame escuchar…si, me llegan de nuevo tus palabras:

Quiero más…

Así sea.

5 consejos para comunicarte contigo mismo y mejorar tu autoestima

De la lectura del libro anterior y mi propia reflexión, me quedo con 5 consejos que resuenan conmigo y a los que he añadido una frase que puedes repetirte a ti mismo a modo mantra cuando tu autoestima parezca haberse ido a por tabaco hace ya demasiado tiempo.

1- Cuídate

Cuidarte es permitirte licencias, tener días gloriosos y otros en los que estás “pa los tigres”, y cuando llegan esos decirte que todo está bien, que no debes martirizarte porque (aquí es cuando viene la frase manida)…mañana volverá a salir el sol.

¿Has tenido un mal día y no has producido lo que deberías producir hoy?, ¿le has hablado a alguien como no deberías?, ¿te apetece estar solo?

En serio, todo está bien. Reflexiona, pide disculpas si tienes que hacerlo y piensa que ha sido un mal día, nada más. Poco tiene que ver con que seas menos, no seas capaz, o no estés a la altura.

Me cuido y me permito tener días no tan buenos.

2- Se asertivo

Esto me parece elemental para cultivar una sana autoestima.

He de confesar que en este terreno estoy “work in progress”, ya que en ocasiones siento que me cuesta o da pereza dar el paso, sentarme con quien corresponda y decir:

Tenemos que hablar.

Al trabajar, por ejemplo, soy bastante práctico y ejecutivo y de los que se centran en pensar lo que hay que hacer para seguir avanzando, y si es el caso prefiero hacerlo yo mismo a comenzar a dar vueltas para dirimir quién y cuándo debe hacer algo.

El problema es que en ocasiones hacer no siempre es la opción más eficiente, y por lo que nos atañe, en ocasiones acabo asumiendo demasiadas tareas, y llega un momento en el que siento que he hecho más que otras personas en igualdad de condiciones.

Ese es el momento de ser asertivo y expresar que crees que el reparto de tareas no está siendo equitativo, comunicando tu derecho a que lo sea, siempre desde el respeto a las personas a las que se lo dices.

El problema de no ser asertivo, es cargarte de conversaciones pendientes e ir creando ese diálogo interno lapidario, que te repite lo que deberías decir y no dices, y posiblemente te recuerda que eres menos que los demás.

El momento tenemos que hablar quizás sea difícil, pero te aseguro que las consecuencias de no tener esa conversación son peores, y lo bien que te sientes y reforzada que sale tu autoestima cuando la tienes, valen mucho la pena.

Expreso mis pensamientos y defiendo mis derechos respetando a los demás.

3- Aprende a decir no

¡Vaya!, la de siempre. Te estarás repitiendo.

En efecto, aprender a decir no es reforzar tu autoestima, hacer valer tus derechos y establecer límites en base a tus necesidades.

Te proponen algo, en realidad no quieres hacerlo y antes de que seas capaz siquiera de pensarlo, parece que un troll toma el mando de tu mente y respondes:

Si, claro, sin problema.

Te das la vuelta, empiezas a caminar, miras al suelo y comienza un progresivo desasosiego al que además acompaña un diálogo interno de traca.

En palabras de la propia Silvia Congost:

Y encima lo siguiente que hacemos es empezar a hablarnos y tratarnos mal a nosotros mismo con comentarios despectivos, desprecios y juicios.

La solución es un híbrido entre este punto y el anterior, expresando de forma respetuosa (sobre todo contigo mismo) que no puedes o quieres hacer aquello que se te propone.

Esta es otra de esas que tengo que sumar a mi mochila, y me he visto diciendo sí muchas veces a enredos que al apostre solo han servido para robarme tiempo y sentirme mal conmigo mismo.

Uno de los avances que he hecho ha sido el de tener relativamente claros mis objetivos en ciertos terrenos, de esta forma, si alguien me propone algo, me resulta más fácil decirle que ahora mismo estoy centrado en el objetivo X, y he decidido dedicar el tiempo únicamente a aquello que me acerca a ese objetivo.

Mientras sigues trabajando tu capacidad para decir no cuando corresponde, recuerda lo siguiente:

Si me proponen algo que no quiero hacer, digo que no, ya que eso me hace sentir fuerte, libre y equilibrado.

4- Permítete fallar

Llegará el día en que falles, eso es seguro. Lo que no es seguro es lo que te dirás a ti mismo el día que eso ocurra.

¿Será un via crucis de latigazos mentales recordándote lo malo que eres o lo poco que vales?

Que sepas que existe otro camino, el del respeto y el cuidado de ti mismo para permitirte fallar, y recordarte que no eres tú como persona quién ha fallado, simplemente has hecho algo que podría haberse hecho mejor.

Es simple imaginar el diálogo interno que puedes tener en estos caso, apelando a lo miserable que eres, lo poco que vales y lo mal que lo haces todo.

De la manida cultura del fracaso que se les achaca a los americanos, me creo más bien poco que adoren fracasar, pero me interesa la constante reflexión y voluntad de mejora que si percibo en ellos:

  • ¿He hecho algo mal?
  • ¿Qué, cómo y por qué?
  • ¿Qué he aprendido y qué puedo hacer la próxima vez para que el fallo no se repita?

Y a otra cosa mariposa. Nada de tortura y flagelación, recuerda el punto 1…¡cuídate!

Me permito fallar y aprendo de ello, entendiendo que el que falla no soy yo como persona, sino un error en algo concreto que estaba haciendo.

5- Sé consciente de lo que te mereces

Y llega el aprendizaje final, en el que te das cuenta de que tú te mereces exactamente lo mismo que cualquier otra persona.

Ser querido, respetado y feliz, aspirando a las mayores ambiciones que puedas imaginar, sean cuáles sean, te mereces todo eso y más, así de simple.

Y lo mismo que te mereces ser querido y respetado por los demás, también te corresponde una comunicación respetuosa y positiva contigo mismo.

Cómo diría algún tipo duro en una película; mide tus palabras…pero esta vez para bien.

Evita enjuiciarte constantemente incluso cuando algo te sale bien o alguien habla bien de tí. Si te dicen que has hecho bien algo, o que estás muy elegante ese día, ¡que demonios!, acéptalo como lo que es; un regalo, ya que como todos, tú también te mereces regalos.

¿Reconoces alguna situación en la que te hablas como si no merecieras aquello positivo que te ocurre?

Puedes comenzar a sustituir esas afirmaciones por otras que sean más sostenibles con tu persona, y como no, refuercen tu autoestima:

Merezco todo lo bueno que me suceda; ser querido y respetado por otros y por mi, y aspirar a lo mejor.

Comunícate esto a ti mismo

De todos los anteriores consejos gotea la misma idea, que en realidad podrías dejar que acabe empapándote si quieres mejorar tu autoestima:

Eres lo más importante, más importante que cualquier otra persona, así que cuídate como te mereces, y háblate como hablarías a la persona que más quieres.

Por cierto, ¿se te ocurre alguna frase más que puede mejorar la comunicación contigo mismo?

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